Revista Dedal de Oro N° 70
Versión electrónica de la Revista Dedal de Oro. Nº 70 - Año XIII, Primavera 2014

TREN

CRÓNICAS DE EDUARDO BARRIOS

CONTINUAMOS CON LA SERIE DE CRÓNICAS SOBRE EL TREN DEL CAJÓN DEL MAIPO INICIADA EN LA REVISTA N° 68, ESCRITAS POR EL PREMIO NACIONAL DE LITERATURA EDUARDO BARRIOS EN LA DÉCADA DEL TREINTA EN EL DIARIO LAS ÚLTIMAS NOTICIAS, Y QUE TRATAN DE LAS DIFICULTADES QUE ENTONCES TENÍA EL FERROCARRIL PARA SU BUEN FUNCIONAMIENTO. ESTA VEZ ENTREGAMOS TRES NUEVAS CRÓNICAS, DEL AÑO 1935. (VER DEDAL DE ORO N° 68)

Revista Zig Zag, año 1926: Un panorama de la Estación de San Gabriel.
DE LA REVISTA ZIG ZAG, AÑO 1926: UN PANORAMA DE LA ESTACIÓN DE SAN GABRIEL.

Santiago de Chile, SÁBADO 16 DE FEBRERO DE 1935

FINANCIAMIENTO INELUDIBLE

HAY REGIONES DESVENTURADAS como personajes de cuento. Cenicientas que todo se lo merecen por su belleza y sus virtudes, pero que han de permanecer años largos y oprimidos en la cocina de la casa, entre tiznes y cenizas. Una de esas regiones es el Cajón del Maipo.

A esa Cenicienta se le han reconocido ya, sin embargo, sus muchas prendas. Pero el Destino tarda en hacerle justicia. Dentro de la política vial que se ha trazado el Gobierno, el proyecto de salvar su ruinoso ferrocarril calza como un zapatito de cristal en la leyenda. El Departamento de Fomento, desde sus técnicos hasta su ministro, los unos informando y el gobernante resolviendo en favor, han tenido la comprensión necesaria para el problema. Pero en Hacienda el proyecto espera todavía. Espera la postrera pero indispensable condición para ser realidad: el financiamiento.

Tantas veces se han expuesto las razones que demuestran lo indispensable que se ha hecho mejorar ese ferrocarril de Puente Alto al Volcán, que parece inoficioso insistir en ellas. Al cronista le parece una majadería repetirlas, y no lo haría si no hubiese aprendido que la repetición suele ser un método más eficaz que la sobriedad enérgica. Hay tanta inteligencia clara en los gobiernos, que suele ir acompañada de esa resistencia nerviosa que convierte la comprensión en poder negativo.

Resignémonos a la insistencia majadera. Nos lo piden mil intereses legítimos.

La región ha prosperado, durante la última década, en la misma proporción en que su ferrocarril se ha desgastado. Un servicio pequeño, insuficiente ya hace diez años, ha debido soportar el crecimiento del tránsito sin recibir más auxilio que una locomotora comprada en el año 1927. A medida que se aumentaba el recargo, el material se ha ido consumiendo -esta es la palabra-; y hoy, cuando la explotación de minerales, montes y haciendas, el desarrollo de sanatorios, servicios sociales, deportes de invierno, turismo y andinismo se han duplicado y tal vez cuadruplicado, el mísero ferrocarril, en vez de acrecentar su servicio, lo ha reducido a términos inverosímiles. En cuanto a número, hay actualmente la mitad de los trenes que llegaron a correr obligados por la necesidad. En eficiencias, esa mitad numérica no representa una cuarta parte de lo que fué, pues los trenes que corren, buena cantidad descarrilan, vuelcan la mercadería a medio camino y hasta siegan vidas.

No es una hipérbole, ni lo es el crecimiento industrial de la región, ni lo es agotamiento del material, ni lo es la exasperación del público. Fallan las locomotoras, fallan las líneas por vejez de rieles y carcoma de durmientes, fallan los itinerarios, falla la paciencia del personal ferroviario, falla su moral profesional y falla la esperanza de cuantos, con ese espíritu de producción que el Gobierno desea estimular, se han lanzado a la explotación de las riquezas naturales de ese suelo. Está en vísperas de establecerse, entre San Gabriel y el Volcán, una gran industria de carburo, cemento y cal, con capital cuantioso. Entre sus propósitos, figura el de construir una estación propia. ¿Para qué servirá esa estación si lo más probable es que para entonces no haya trenes que lleguen a ella?

Repitamos, irritados, exasperados, con la misma irritación y la misma exasperación que los habitantes del Cajón del Maipo sufren ya: el plan que la dirección de ese ferrocarril ha propuesto al Gobierno es de necesidad imprescindible y urgente. Así lo ha comprendido el Ministerio de Fomento. Y si ese plan, bien concebido, bien informado y bien patrocinado, cuadra además con una política que el Gobierno proclama como esencia de sus aspiraciones de bien público, ¿por qué se detiene en el financiamiento?

Reconozca el señor Ministro de Hacienda que ese financiamiento es ineludible.

Eduardo BARRIOS.

 
Revista Zig Zag, año 1926: UNA EXCURSIÓN AL VOLCAN.
DE LA REVISTA ZIG ZAG, AÑO 1926: UNA EXCURSIÓN AL VOLCAN.
EL TREN EXCURSIONISTA ENTRANDO A LA ESTACIÓN
DE SAN GABRIEL, CUBIERTO DE NIEVE.

Santiago de Chile, JUEVES 16 DE MAYO DE 1935

PROYECTOS CHUPETES

HAY PROYECTOS semejantes a esos caramelos en palito llamados chupetes. Se chupan, se chupan y se van poniendo cada vez más delgados, más puntiagudos y más diminutos. Hasta gastarse del todo. Hasta no ser más que un palito insaboro e inútil entre los dedos tristes.

Cuando clama el público por un servicio que le falta, como llora el niño cuando tiene hambre, se busca en cualquier esquina uno de esos proyectos. Se le da a la prensa, y ella lo sostiene con la robusta mano de su publicidad a cuatro columnas. El niño sonríe entre las lágrimas, cesa de llorar, chupa, chupa, se entretiene y se olvida de su necesidad capital.

Pero cuando la necesidad es permanente y vital, despierta luego.

Diríase que a esta categoría de proyectos chupetes pertenece el del Ferrocarril al Volcán. Empezó el gemir y el llorar del Cajón del Maipo allá por estos mismos días del año pasado. Los trencitos desvencijados y la vía maltrecha hubieron de afrontar los temporales inolvidables de mayo; y, al primer encuentro, cayeron exámines. En vez de terraplenes, quedaron barrancos; en vez de rieles, especie de horquillas de ilusión; en vez de itinerarios, un trajín afanoso e intermitente de jadeante ferretería. Clamó el público. Los pasajeros, los industriales, los agricultores, los mineros, los comerciantes, los deportistas del esquí. Hubo desde voces iracundas hasta resuellos de amor propio. Y cuando todo ello alcanzó la atención gubernamental, hizo su aparición el proyecto chupete.

El problema se estudió en serio. Por la prensa y por las oficinas técnicas. Tanto, que el propio Ministro de Fomento, unido al de Defensa Nacional, patrocinó el plan regenerador. No es raro. También los chupetes presentan formas serias. Ensartados en el palito de álamo, suelen verse un soldado, un elefante, un león, una locomotora. Sólo que, chupando, chupando, aquella terrible formalidad acaba siempre en punta.

El Cajón del Maipo ha pasado el año entretenidísimo. A cada fracaso ferroviario, a cada tren suprimido, a cada alza de tarifas, se replicaba explicando el proyecto. Nuevas locomotoras, rieles de más kilos en metro, autocarriles sistema Centinela, mil cosas realmente fascinantes. Si el hipo del llanto reaparecía, se chupaba. Se chupó con esperanza y con entusiasmo, con fe y con patriotismo, con todo el repertorio de los sustantivos de aliento. En cierta ocasión, a causa de la huelga de los ferroviarios, los soldaditos diminutos del trencito diminuto, reemplazaron al personal de los ferrocarriles grandes. Entonces el proyecto chupete llegó a duplicarse. Su mellizo daría al Batallón de Ferrocarrileros, no sólo el material para su actual servicio en ruinas, sino además un ramal de importancia en la gran red del Estado.

Confieso que yo también chupé del caramelo. Yo, uno de quienes más lloraron, chupé deliciosamente, hasta callar. Ahora, el mes de mayo se comporta como el del año pasado. Veo venir, tras la bonanza inusitada, los temporales furiosos. Y esa vieja ferretería, que sigue acezando y perdiendo hasta el último perno sobre los terraplenes, se arrastra como un trágico augurio. Los habitantes del Cajón tienen ya la cara triste, vuelven y revuelven entre los dedos el palito desnudo del chupete.

Tendremos que soltar de nuevo el llanto, señores productores, señores comerciantes, y usted, señor Comandante von Holt, que es la cabeza más visible de este coro.

Eduardo BARRIOS.

 
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