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SUEÑO, SUEÑAS, SUEÑA, SOÑAMOS...
Me dejó el tren, ¿...o lo dejé
ir...?
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La
gente siempre sueña. Soñar no cuesta nada
y sirve mucho, porque los sueños rescatan del sótano
de la mente la sabiduría innata y las más
secretas vergüenzas y traumas de cada cual. Soñar
da pistas, soñar puede sanar. En esta sección
presentaremos sueños, ya sean de lectores/as (escríbenos
un sueño y envíalo) u otros.
Podrá ser un relato o algún intento de interpretación
o profundización, como sucede esta vez con el sueño
siguiente (del archivo de Dedal de Oro), cuando el soñante,
ya despierto, dialoga con algunos elementos de su sueño
con el fin de entenderse.
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Soñé
con un tren. Primera escena: entro al baño desde
un pasillo en que viajan algunos adolescentes. Estoy
sentado en el WC. De pronto hay otro hombre allí,
que al parecer se acaba de duchar. Su presencia me molesta,
pero yo le soy indiferente. Cuando me paro del excusado
tiro la cadena, pero la mugre, con papeles, no se va
del todo. El hombre sigue allí, metido en sus
propias cosas. Segunda escena: el tren se va, no lo
alcanzo. Todas mis cosas, mis maletas, se van en él.
Corro junto al tren, junto a la locomotora. Conduce
una mujer que me ve correr, pero no se detiene.
Para
entender mi sueño, trataré ahora de dialogar
con la conductora:
YO: ¿Por qué
no detiene el tren para que yo suba?
ELLA: No puedo, el
tren ya partió.
Y: Pero yo quiero
subirme, mis cosas van en él.
E: No es mi misión
parar, cada cual debe preocuparse de subir en el momento
adecuado.
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Y:
Francamente no pensé que podría perder el tren.
Ni siquiera sé en qué momento me bajé.
E: Lo siento de verdad,
pero no es mi problema. Es el suyo.
Y:
¿No la apena verme correr así?
E: Creo que sí, pero
no puedo ayudarlo. Es su problema no haberse subido a tiempo.
Y:
¿Cree usted que he perdido el tren para siempre?
E: No. Quizás tenga
fuerza para seguir corriendo hasta la próxima estación.
Allí podrá subir.
Y:
Quizás, pero en todo caso usted me desilusiona.
E: Eso está bien,
no es bueno vivir de ilusiones.
Y:
¿Por qué es usted una mujer? A los trenes suelen
manejarlos los hombres.
E: Sin embargo, yo me siento
bien en este rol. Como sea, si el conductor fuera un hombre,
él tampoco estaría autorizado para parar. Su suerte
no cambiaría, igual tendría que correr tras el
tren.
Y:
Dese cuenta de una cosa: yo he creado este sueño, y por
lo tanto yo la he creado a usted. Si es así, yo soy como
su Dios. ¿Me reconoce como su Dios?
E: Interesante: una simple
mortal deja a pie a su Dios, y lo hace correr, lo hace sufrir.
Y:
¿Entonces es usted Dios? ¿El tren es mi destino,
es mi vida, mi oportunidad que dejo escapar?
E: Yo no soy Dios. Yo simplemente
conduzco un tren al que usted quiere subir, y no estoy autorizada
para detenerme.
Y:
¿Quién debería autorizarla?
E: El tren es autónomo.
Ahora
voy a dialogar con el tren:
YO: ¿Por qué
me dejas?
TREN: Porque no subiste.
Corre, corre. Yo soy tu oportunidad, sí. Pero la conductora
ya te lo dijo: subir o no subir depende de ti.
Y:
Hace poco defequé en uno de tus baños.
T: Sí, en mí
se puede hacer cualquier necesidad. En mí se puede
vivir, se puede viajar.
Y:
Pero no es cómodo. Había otro hombre allí
mientras yo defecaba.
T: Lo que pasa en mi interior
lo hacen los viajeros. Yo no decido, no actúo, yo simplemente
voy. Si tú defecas, defecas; si te apeas, te apeas;
si subes nuevamente, subes. Mi misión es solamente
ir.
Y:
¿Y cuál es mi misión?
T: Si tú quieres
subir para que te lleve, entonces supongo que tu misión
es lograr subir.
Y:
¿Por qué no puedo subir? ¿Por qué
me he quedado a pie? ¿Por qué te vas con mis
maletas? ¿Por qué no puedo hacer mis necesidades
naturales en paz? Quiero poder viajar sin problemas, quiero
poder vaciar mis mugres sin problemas, quiero vivir sin problemas
para poder tener paz y poder conceder mi paz a otros. La vida
no me deja hacerlo.
T: Ya te lo ha dicho la
conductora y te lo repito yo: depende de ti, no de nosotros.
Y:
¿Qué debo hacer?
T: Subir.
Y:
¿Cómo?
T: Yo voy. Tú debes
saber cómo alcanzarme.
Y:
¿Para eso sueño, para terminar sabiendo lo que
ya sé, que soy el responsable de mí mismo?
T: Eso también
depende de ti.
Y:
Esta discusión es demasiado filosófica, no me
ayuda. Necesito algo práctico. Recomiéndame
algo.
T: Insúltame.
Y:
Eres un hideputa, un mezquino, un incapaz de ayudar a alguien.
T: ¿Y tú
realmente te encuentras tan desamparado como para tener siempre
que rogar?
Y:
Chao pescao.
Comentario:
Buena pregunta la del Tren, acaso verdaderamente me siento
tan desamparado como para tener que estar pidiendo ayuda.
En realidad, yo siempre he buscado mi autonomía. Jamás
he sido miembro de un partido político o de un club
deportivo o de lo que sea. Pienso que mi desarrollo debe estar
situado en mi mismo. Existe algo superior, sí, pero
el responsable de mí soy yo. Uno no está solo,
no está desamparado, porque el cielo lo cubre a uno,
pero eso no significa que uno es un bebé que necesita
que lo lleven en brazos. Tiendo a culpar al cielo de todo
lo que me resulta mal. Nones, no, no. Mi esfuerzo debe dirigirse
hacia mí mismo. El cielo debe ser mi propia psique.
El único cielo real es mi propia psique. Yo creo el
mundo. Soy un campo energético que crea la realidad.

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